Reflexiones sobre el devenir de ALDEEU



CUANDO me planteé la posibilidad de participar en la XIII Asamblea General de ALDEEU, celebrada en Boston el pasado mes de abril, y empecé a considerar el tema a tratar, debo confesar que estuve dudando entre presentar una ponencia sobre algún tema de investigación al que me he dedicado recientemente, o si, por el contrario, y como he hecho en más de una ocasión, hablar sobre algo relacionado con nuestra Asociación de Licenciados y Doctores Españoles en Estados Unidos. Después de todo, dada mi responsabilidad como Director de Cuadernos de ALDEEU, mi relación con diferentes socios a través de estos años, además de la relación con las distintas juntas directivas, me han ido dando una experiencia y cierto conocimento del funcionamiento de nuestra asociación.

La cuestión del tema a elegir para mi presentación (tema de investigación o tema de corte reflexivo) se resolvió durante una conversación telefónica que sostuve con nuestro buen amigo Arie Vicente, coordinador, con Isabel Campoy, de dicha Asamblea, en el transcurso de la cual él me animó a hacer lo segundo, y entre ambos llegamos al título que apareció en el programa, y que esta vez incorporamos a modo de epígrafe a la sección "Nota del Director"; esto es, "Reflexiones sobre el devenir de ALDEEU".

Se trata de unas reflexiones particulares, con toda la carga de subjetividad que esto pueda acarrear, pero que, al mismo tiempo, están impregnadas de un gran intento de sinceridad y profunda dedicación por entender lo que ha sido, es y puede ser ALDEEU.

Ahora, animado por el consejo de algunos compañeros que han leído, u oído, estas palabras, he decidido reproducirlas en este espacio, en un intento por entablar un diálogo, una discusión positiva sobre el devenir de nuestra asociación.

Hace unos meses, exactamente a principios de junio, hizo doce años de la celebración de la Primera Asamblea General de ALDEEU. La Casa de España de Nueva York nos abrió las puertas para aquel primer encuentro (y volvería a hacerlo otra vez en 1988), que fue organizado por el profesor Josep Solá-Solé, de la Catholic University of America, y que presidió nuestro primer presidente, Enrique Ruiz-Fornells, hoy presidente honorario.Los que acudimos a aquella primera cita somos testigos del entusiasmo con que se llevó a cabo. Había un gran interés por hacer de ALDEEU un organismo vivo, fiel representante de la españolidad en este país, rasgo que, después de todo, es el que nos une.

A la Primera Asamblea acudieron muchas conocidas y venerables personalidades. Aparte de los ya mencionados, allí se dieron cita Germán Bleiberg, David Cardús, Antonio Culebras, Jaime Ferrán, José Ferrater Mora, Juan López-Morillas, Mariano Marzo, Juan Negrín, Joaquín Roy, Gonzalo Zaldo, etc. Ansiada, para mí al menos, era la presencia de Ramón J. Sender, quien, al ya irle fallando la salud que acabaría con su vida unos meses más tarde, envió una cinta magnetofónica que todos escuchamos con atención.

También estaba presente José María Carrascal, entonces corresponsal de ABC en Nueva York y hoy bien conocido en España a través de la cadena de televisión Antena 3.

La presencia diplomática en la Asamblea fue numerosa, contando con los representantes españoles del consulado español en Nueva York, así como los de la Embajada de España en Washington, incluyendo al propio embajador, don José Lladó, el agregado laboral y el ministro encargado de asuntos culturales. Y también hicieron presencia algunos diplomáticos de países hispanoamericanos.

Doce asambleas posteriores nos han llevado por distintas regiones de este país, así como a Puerto Rico y a España, donde el año pasado fuimos gratamente acogidos por la Universidad de Castilla-La Mancha. Este deambular por la geografía se ha llevado a cabo con la intención de reconocer la presencia de otros españoles en dichas regiones y, también, con el deseo de establecer lazos profesionales con otros organismos e instituciones.

De paso, era, y es, de esperar que la celebración de la Asamblea General en distintas ciudades, atrajera, y siga atrayendo, a la asociación a los españoles de esas regiones que, para citar una frase tantas veces acuñada, "son de ALDEEU pero no están en ALDEEU".

No puedo decir que el resultado ha sido siempre positivo, pero sí es verdad que, según la asamblea se ha celebrado cerca de sus hogares, nuevos compatriotas se han ido uniendo a nuestra asociación.

ALDEEU, por otro lado, no consiste exclusivamente en la celebración de la Asamblea General, aunque ésta sea el punto de mayor contacto entre nosotros, al menos físico. Las publicaciones, y aquí me afecta personalmente, son otro punto de contacto entre los miembros de la asociación. Son, además, el vehículo de difusión de las actividades de ALDEEU, un testimonio de nuestra presencia en este país y de nuestra visibilidad.

Las publicaciones, ha dicho más de uno, y a cuyo criterio me aúno, son lo más importante de la asociación. Así, o casi así, pensó la primera junta directiva, cuando en la primera Asamblea General estableció la creación de Cuadernos de ALDEEU y de Puente Atlántico, dos publicaciones de distinto alcance e índole diferente, pero igualmente necesarias e importantes para el buen funcionamiento de la organización. Aparte de estas dos publicaciones periódicas, las series «Monografías de ALDEEU» y «Homenajes de ALDEEU» dan testimonio de la presencia de nuestra asociación y de la dedicación profesional de sus miembros.

En este ámbito, modestia personal aparte, ALDEEU ha dado tímidos pasos, quizás no consciente aún del gran potencial que tiene en este aspecto.Las monografías de ALDEEU, así como los números monográficos de Cuadernos, van poco a poco adentrándose en el ámbito profesional. Las colaboraciones aparecidas en nuestra revista y publicaciones anexas son solicitadas y citadas en otras publicaciones, expandiendo así el conocimiento de la existencia de ALDEEU.

Cuadernos se intercambia con varias otras revistas de éste y el otro lado del Atlántico, y se distribuye en algunas universidades en distintos puntos de la geografía nacional. Y contamos también con subscripciones individuales que, poco a poco, van incrementando, pauta que, esperemos, siga en aumento.

ALDEEU ha realizado también otras funciones que han ayudado a atraer socios y dar sentido a querer pertenecer a la asociación.

Me refiero a las becas o bolsas de viaje que, durante unos años, se ofrecieron a los socios para llevar a cabo investigación en España.

Como uno de los recipientes de dicha ayuda, puedo asegurar que en aquella época, siendo todavía principiante tímido e ingenuo, el recibir la beca de viaje supuso un verdadero aliciente a todo mi futuro profesional. No era la cuantía, que siempre ayuda, sino el sentirme respaldado por un organismo, de mi propio país, que, entendiendo los problemas con los que nos enfrentamos, proporcionaba un escalón por el que subir para conseguir la tan ansiada permanencia laboral.

Quizás sea ésta la razón por la que después me he dedicado con muchas ganas a que la asociación continúe por los pasos que inició y se afiance cada día más en ellos. Entusiasmo por mi parte, sí, pero, sobre todo, un fuerte agradecimiento al mismo tiempo en reconocimiento a aquella ayuda que significó tanto en aquellos días cuando tanto la precisaba.

Desafortunadamente, este tipo de cosas se ha dejado de hacer. Las razones de ello no las conozco; pero no puedo comprender que este tipo de actividades no sea factible. Siendo las razones tan poderosas, y los fondos tan generosamente dados en los últimos años, me es muy difícil comprender que ALDEEU no haya sido capaz de apropiar unos fondos para dicho fin. Pero no es censura lo que intento presentar aquí; es, por el contrario, una exhortación a que nos hagamos conscientes de esta necesidad, que contemplemos la ayuda tan inmensa que este tipo de cosas representa, sobre todo, para nuestros jóvenes colegas, y que hagamos lo posible por restablecer algo que fue, y será siempre, sumamente positivo, para la atracción de nuevos socios y retención de los antiguos.

Hemos, pues, andado un camino; pero, como dijera el poeta andaluz, sólo quedan unas huellas que van desapareciendo como estelas en la mar. Hemos de seguir forjando, haciendo ese camino, para que nuestra presencia sea constante y los españoles que vivimos en este país no sólo "seamos" de ALDEEU, sino que nos apetezca, que verdaderamente deseemos "estar" en esta asociación.

Es el reto constante, y, por lo tanto, es necesario que cooperemos a ese fin, el de una Asociación de Licenciados y Doctores Españoles respetada y querida por nuestra concordia y por nuestro deseo de estar y de ser.


Juan Fernández Jiménez


(Cuadernos de ALDEEU 9 (1993))